Un día triste

Cuando me despierto normalmente lo primero que hago es echar un rápido al móvil en busqueda de alguna comunicación importante. Los tipos de mensaje tienen una prioridad que atribuyo sin pensar si quiera con mi mente adormecida. Lo más importante los mensajes y los whatsapp, después rápido vistazo a los mails y por último las chorradas de facebook y twitter. Muchos días no encuentras más que tonterías en general, algún día algún mail dirigido a ti expresamente y hoy un mensaje, especial y devastador en mi Whatsapp, era de mi padre: «Tu abuela Pilar ha muerto»

No creo que a ninguno nos pillase de sorpresa con ciertas edades es siempre cuestión de tiempo y lo cierto es que últimamente varios avisos nos habían hecho pensar que la hora estaba bien cerca. Aún con todo una noticia así siempre te golpea como un jarro de agua fría. De primeras no sentí nada, resignación si acaso, abatimiento, pero no diría que sentí tristeza. Tras quedarme parado unos segundos en los que creo que no alcancé a pensar nada tan solo consegui decir «Mi abuela Pilar ha muerto». Hiroko que desesperezaba a mi lado para salir al trabajo se despertó también como un resorte. Mi abuela siempre ha querido a la gente de su alrededor con un amor infinito y esta chica de cultura y países totalmente distintos nunca fue una excepción, mi abuela siempre quiso a Hiroko con locura y Hiroko siempre llamaba con cariño a mi abuela «tu abuelita» y se deshacia en elogios hacia lo increible que era y lo sorprendete de su entereza a su edad.

Yo seguía sin pensar nada pero la tristeza ya por fin comenzaba a aparecer en mi corazón, yo me sentía más sorprendido de que hubiera tardado en llegar más que del propio hecho de sentirla, pero pronto me sorprendí más aún de sintiese tanta. Yo tenía la cabeza contra la almohada y los ojos abiertos de par en par dando la espalda a Hiro, ella me abrazó y dandome unas caricias de cariño me preguntó si estaba triste, no supe ni contestarla.

Derepente como si una olla a presión todos los sentimientos y los recuerdos saltarón de golpe. De repente el mundo se me hizo un lugar enorme y Japón no estaba a miles de kilometros de distancia de España si no a años luz… ya que tendría que viajar a través de ellos y en el tiempo para poder ver a mi abuela de nuevo, de hecho tendría que hacerlo para poder siquiera darle un último adios, seguramente aun con todo no llegaría a tiempo. Además estaba haciendo las gestiones de mi visado, desde luego era un momento terrible. Una imagen apareció con fuerza en mi memoria, mi madre llorando cuando nos explicó a unos renacuajos que eramos mi hermana y yo que nuestro abuelo había fallecido. Ese día nos quedamos en casa esperando a que volvieran mis padres, no entendíamos que pasaba en realidad, solo que por dejarnos solos un rato de regalo me trajeron un cronómetro, me encantaban los cronómetros, siempre me ha gustado medir el tiempo, la temperatura o contar cosas… Más adelante fue mi padre el que me dijo que mi tio había seguido el mismo camino que mi abuelo y que había muerto de un ataque al corazón, ya estaba lejos por entonces, pero no tanto, podía haber llegado a tiempo para el funeral, si no fuera porque una nevada infernal se interpuso entre Dublín y Madrid y ese día no hubo vuelos.

Esta vez nos separan muchos no, muchísimos kilometros, una escala al menos y problemas de burocracia y de visado. Aun con todo no pensaba rendirme, tiene que haber una forma de que un nieto pueda despedirse de su abuela. De que un hijo pueda estar cerca de su madre en estos momentos…

Con esa intención salí temprano a la escuela y después a inmigración a tratar de conseguirlo. En la escuela no conseguí más que balbucear unas palabras y decir que no podría ir hoy a clase, por alguna razón me derrumbe delante de mi profesora que solo me supo dar ánimos y decirme que no me preocupase por las clases. A inmigración fui en compañía de Luis y de Mariana lo cual me ayudo mucho a desconectar entre conversaciones de superhéroes. Por el camino mire fechas y demás y tuve que aceptar la realidad era físicamente imposible llegar a despedir a mi abuela.

Y en estas estoy, aprendiendo más lecciones del expatriado a la fuerza, en esta vida que muchas veces pintamos de color de rosa en los blogs en la que os contamos nuestras fiestas y lo que comemos, lo que aprendemos y las cosas que vemos. Pero sabed que también sentimos; cosas buenas en su mayoría, pero también hay días donde pesa mucho vivir al otro lado del mundo…

Mi abuela siempre me ha dado un amor tan inmenso que aun puedo sentirlo, mi despedida será nunca olvidarte, es algo que nunca podré hacer…

Descansa en paz abuela, te lo has ganado 🙂