Y se abrió la caja de Pandora…

Se abrió hace más de 10 años en mi caso. Hasta los 18 años mi única experiencia en el extranjero había sido Portugal ya que esta muy cerca del pueblo natal de mi padre y nunca llegué a asumir que fuera realmente «el extranjero» ya que salvo que pagabamos en escudos todo lo demás era muy parecido. Sucedió entonces que mi tía se fue a vivir fuera concretamente a Edimburgo, Escocia, y mis padres pensaron que sería una fantástica idea mandarme a estudiar en verano algo de inglés. A mi me daba una mezcla de pereza y miedo. Pereza por un lado porque yo estaba acostumbrado a los veranos en España, parte en Madrid con los amigos, otra en un pueblecito leones de fiestas de pueblo en pueblo liandola más parda allá donde fueramos y alguna excursioncilla esporádica y para completar otro pueblo de la sierra Onubense donde disfrutaba mayormente de nuevo de la noche veraniega.

Pero no era solo pereza lo que me frenaba era miedo, el miedo que sentimos todos al cambio y es que el cambio es algo que de primeras nos despierta rechazo a todos y viajar es algo que esta muy bien pero implica cambiar cosas y por increíble que les parezca a algunos, a mi incluido ahora, esto es algo que no agrada a todos. Pero en realidad mi madre no me dio mucha posibilidad de elegir ya me había pagado un curso de academia de inglés en Madrid y ese verano me mandó para allá.

No es el motivo de este post relatar este viaje pero he de decir que aprendí muchísimo inglés y más aún de la vida, maduré mucho y me di cuenta de que los idiomas, los viajes y en definitiva el cambio era algo que en realidad si me iba. Ese verano supuso un antes y un después en mi vida no considero que me hiciera adulto, pero si más mayor. Nunca volví a pasar un verano igual a los anteriores desde aquel entonces procuré escaparme a algún lugar siempre que pude.

Colaboró mucho en esta loca afición por los viajes que el siguiente viaje fuera algo tan mágico como el inter-rail, que si no lo conocéis es una especie de abono transportes para viajar en tren a lo largo y ancho de Europa fue sin dudas uno de los viajes de mi vida, el primer viaje aventurero, el primer viaje de mochilero. La caja de Pandora se había abierto y ya no había marcha atrás, muchos de esos viajes y andanzas los habéis seguido a través de éste mismo blog que siempre ha sido un gran compañero de viaje: el erasmus en Italia, el viaje por Argentina (esto esta en mi difunto blog que hice bajo mi nombre y que tengo pendiente fusionar a este blog algún día), la escapada por Turquía y la actual aventura por Japón.

Esta última la más loca y con mayores consecuencias de todas mis anteriores aventuras en realidad… Cuando ya les había comunicado mis planes a mis padres un día mi madre me dijo medio en broma medio en serio que quien le mandaría haberme obligado a hacer ese viaje a Edimburgo que finalmente me llevó a irme tan lejos. No podemos saber que hubiera pasado si no hubiera ido a Edimburgo es posible que esta cadena de eventos no se hubiera desarrollado y no estaría yo aquí, pero desde luego quiero dar las gracias a mis padres por haberme empujado a abrir la caja de Pandora porque no se si con ella cerrada sería feliz, pero con ella abierta tengo claro que si lo soy 🙂 Gracias.

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