Yendo al dentista en Japón (I)

Voy a iniciar una serie de post sobre la experiencia de ir al dentista en Japón que estoy viviendo en mis propias carnes. Creo que lo suyo es poneros en antecedentes, pero tampoco penséis que os vaya a contar todo mi historial dental. Básicamente tengo una aversión total hacia el dentista, algo que roza la fobia y que provocó que el problema fuera a más. La cuestión es que aquí estoy necesitando un tratamiento dental y con -10 en ganas. Finalmente comienzo a hacermelo en Japón.

Un tema fundamental por el que mola mucho hacérselo en Japón es porque el seguro médico te cubre el 70% de todo lo que te hagan (salvo que te quieras poner fundas de oro o frikadas de estas). También había oido que los dentistas de Japón son la leche y que cuando alguien al que le habían hecho iba a España los dentistas españoles preguntaban por quien se lo había hecho, ya que estaba bastante bien. No soy dentista así que no se hasta que punto esto es cierto, pero bueno.

Gracias a Hiroko obtuve una recomendación que me permitió asistir a un dentista en concreto de una clínica universitaria, por lo visto un profesional bastante renombrado y lo más importante de todo es que habla un perfecto inglés. El primer día que tenía que ir me tenía que saltar las clases porque tenía que ser por fuerza por la mañana, así que elegí un día que no dieramos nada demasiado importante y para allá que fui. Vamos a ver la experiencia de principio a fin.

Hiroko me acompañó en esta primera visita, con mis conocimientos de japonés actuales de japonés, mi conocimiento del funcionamiento de las clínicas dentales niponas y el acojone que tenía lo hubiera llevado bien jodido. Al llegar entregamos en recepción mi tarjeta de seguro médico y la carta de recomendación que llevábamos. A cambio obtuvimos unos cuantos formularios que rellenar. Hiroko los relleno diligentemente tras ir preguntándome porque estaba todo, como no, en un perfecto japonés. Como detalle para que veáis mi nivel de canguelo me pidió que rellenase un apartado con mi nombre en letras de las nuestras y me sorprendí viendo que no podía escribir. Ya con todo rellenado lo llevamos a la recepción y al rato me llamaron para darme mi tarjeta de miembro de esa clínica.

Con eso pasamos a otro mostrador, siempre portas entre mostradores una carpeta de tela cerrada que tu no ves lo que hay dentro, pero es de presuponer que es tu historial y las intrucciones de lo que tienen que hacerte en el siguiente paso. Allí me llamaron y me recibió un sonriente hombre de alrededor de 50 años que para mi sorpresa hablaba un perfectísimo inglés. Yo que estaba que no daba pie con bola le hablaba japonés, español, inglés y sin sentido a partes iguales. Luego me enteré que Hiroko había escrito en el formilario que tenía pánico a los dentistas, quizá eso explique lo bien que me trata el hombre.

Siempre me hizo sentirme como en casa (dentro de lo que se puede), siempre me lo ha explicado todo de una forma super clara y sencilla, he aprendido más cosas de salud dental en dos días que en toda mi vida. Antes de hacerme nada me decía lo que iba a hacerme y todo siempre de una forma que a mi me pareció muy, pero que muy profesional. De los 10 o 12 dentistas con los que habré estado en mi vida os aseguro que ninguno hablando castellano ha conseguido hacerme sentir tan cómodo como este hombrecillo.

Es interesante ver las diferencias con los dentistas españoles. Lo más sorprendente es que te atienden en una sala de consulta gigante donde estarán tratando a unas 20 personas a la vez fácilmente, tienes paredes delante y detrás, pero no a los lados, por lo que tienes a tu vecino ahí cerquita. Lo que peor llevo de esto es escuchar los sonidos, que no me molan nada del dentista, pero salvo eso lo cierto es que te sientes bastante aislado, aunque no lo estes tanto como en una consulta en España. Tras mirarme, remirarme y demás, el hombre me contó un poco lo que pensaba y eso y me mandó a hacerme un par radiografías. Con las mismas me fui con mi carpeta bajo el brazo me la llevé al mostrador que me dijo y la dejé ahí en una bandeja. A los dos minutos me estaban llamando y me hicieron las fotillos estas de por dentro de rigor.

De nuevo con mi carpetilla me fui para abajo a otro mostrador y la dejé. Al rato me llamaron y me dieron una factura con lo que cuesta y con la cita siguiente (en caso de tenerla), pague mis 15 euros por darme de alta en la clínica estar una hora y pico con el doctor y las radiografía y me fui más feliz que una perdiz. Lo interesante aquí creo que es el flujo de carpetas, que sea el propio paciente el que las lleva de un lado a otro y la sala esta gigante de la tortura llena de gente con las bocas abiertas. En general me ha sorprendiendo mucho mucho su profesionalidad y eficiencia.

Hoy fui por segunda vez y no os lo voy a contar todo, tan solo una anécdota muy graciosa, que os aseguro que esta cuanto menos al nivel de la de la reverencia. Resulta que me tenía que ir a hacer más radiografías, 9 nada más y nada menos. El tipo de las radiografías, se ve que el inglés no lo domina muy bien, y claro… mi japonés me da para defenderme a duras penas, pero las dos radiografías de la anterior vez fueron sencillas… abre la boca, si así.. ok cierra, no te muevas, pimpampum… ala chaval… pa casa…

Esta vez algo cambiaba… al entrar me dijo algo que no entendí y me dio un bote de gel de alcohol, el típico que hay por aquí en todos lados para desifectarse las manos. Mientras me lo enseñaba me señalaba la parte de arriba de mi paladar y por mi cabeza pasó el hecho de que quizá tendría que echarme gel en el paladar :S pero preferí esperar a ver si me lo decía más explicitamente por no lo tenía muy claro y no me molaba mucho la idea. Echó para atrás mi silla y yo que estaba ahí con el brazo sobre el reposabrazos con el puño cerrado y el dedo gordo cerrado dentro… si es una posición rara pero muchas veces estoy así… que pasa!

Pues nada el tio va y me señala la mano… y yo piensó… ah no tengo nada, es el dedo.. y le enseño mi mano abierta vacía. A lo que el tipo me sonríe y me muestra su dedo gordo con el puño cerrado. Vamos el típico signo de OK… y yo… a mírale que majo… OK hago lo mismo con mi dedo sintiendome en una conversación de esta de gorilas en la niebla. El tipo cual gorila lo que hace es coger mi mano y llevarla hacía mi cara con el dedo aún en posición de OK… Yo sin entender demasiado lo que sucedía me resistí un poco… probad a hacerselo a alguien os aseguro que no dejará que le acerquéis su prpio dedo a la cara así como así… Y el dedo fue… a mi boca! el hombre quería que me sujetase una placa en la boca. Tras dejarla ahí bien puesta se salió de la sala y ala fotaca… y mientras yo tenía que aguantar el descojone que tenía para que las radiografías valieran para algo…

En fin, parece que hasta me lo pasaré bien en el dentista… manda webos! 😛